Tras escuchar el discurso de García en CADE, uno analiza la forma y el fondo. Impecable en la primera. Aunada a su conocida capacidad de convencimiento, su oratoria se ha perfeccionado mucho en lo formal. Las cadencias en el ritmo, los tonos de voz, los “timings”, el manejo de temarios y estructuras –amén de los oportunos cambios de giros– parecían cibernéticos por lo perfectos. Diez minutos menos y le ponía 20. Es por lejos nuestro mejor orador moderno, ya del vuelo de monstruos como Reagan y Felipe González. Ya creo que superó a maestros en el tema como Piérola (le dabas un balcón y la gente –literalmente– mataba por él), Leguía (muy versátil y moderno; hasta usaba el quechua y la ropas típicas) y FBT (pecaba de lírico, pero en Punta del Este en 1967 y en el cierre de campaña de 1980 estuvo simplemente excelso) y le falta un poco más de lírica, castellano, historia y sentimiento para alcanzar al summun nacional que fue Haya, nuestro De Gaulle local en ese aspecto (aunque Haya, a diferencia del francés y esto es algo que abona a favor de Garcia, no era hipnóticamente televisivo por lo que he indagado).
En el fondo también estuvo muy bien, aunque le falta trabajar, a mi entender, tres temas más en su serie del “Perro del hortelano”: inversión en capital humano (¡Educación! Concentrar esfuerzos en la primaria como los asiáticos, hacer la secundaria más práctica y técnica como los europeos y que la universidad pública bote más ingenieros, contadores, administradores, programadores y biólogos que masivamente inútiles abogados, profesores y sociólogos), reforma integral del Estado (le falta ahondar más en procedimientos, duplicidades de funciones, centrales de gasto, “empoderamiento”, autonomías y gerencia) y seguridad.
Y vaya que Trujillo fue eficaz en recordarme con un asalto que un “boom económico” (no hay local vacío en esta ciudad, el tráfico es intenso, se ve mucha construcción, el inmenso “Aventura Mall” es un síntoma) puede ir a menudo acompañado de la intensificación de la delincuencia. Es algo hasta predictible, como sucedió en las pujantes Chicago y Nueva York en su momento. Trujillo está experimentando un proceso de “Chimbotización” acelerado en ese aspecto y si no cortamos esto se va a volver la Medellín peruana, algo que también puede experimentar pronto el también expansivo Chiclayo (imagínense lo que va ser esta ciudad tan mercantil con Olmos, su Chavimochic local).
Según me cuenta la Policía, aquí se ha concentrado todo el hampa de Chiclayo, Chimbote y hasta Huacho porque el dinero del progreso los atrae, además que la droga (cocaína y el creciente opio) también pone su granazo de arena en este engordamiento. A este ritmo, Trujillo se coloca lejos como la segunda ciudad del Perú en cinco años. Arequipa debe cambiar de mentalidad rojimia, que no se puede vivir del pasado y de darle la contra al futuro.
Sin seguridad no hay progreso. Mala imagen para Trujillo que corran las versiones, sin confirmar, que este viernes también asaltaron a otros seis asistentes a la CADE.
Correo, 02/12/2007
lunes, 3 de diciembre de 2007
Alberto Andrade: Mendigo sentado en un banco de oro y perro del hortelano
A mediados del siglo XIX el sabio peruanista Antonio Raymondi, profundo conocedor de la geografía nacional, solía decir que el Perú era un mendigo sentado en un banco de oro para graficar el desorden político y la incuria del Estado peruano, que a pesar de sus enormes riquezas naturales se encontraba en permanente quebranto económico.
A la misma conclusión de Raymondi, llega el presidente Alan García en dos interesantes artículos escritos y publicados en días pasados, denominados “el síndrome del perro del hortelano” y la “receta para acabar con el perro del hortelano”.
En ambos nos describe lo que todos conocemos o hemos padecido cuando se trata de hacer un trámite en cualquier instancia de nivel central, regional o municipal (acuérdense de las revisiones técnicas), donde siempre dan por respuesta un consabido “venga mañana”, “le faltan documentos”, “pague en el Banco de la Nación”, “saque su cita por teléfono”. Ciertamente el Estado es un perro del hortelano al que pocos se quieren enfrentar.
El perro del hortelano sabe que antes muchos anunciaron su muerte, como cuando el ex presidente Toledo prometió hasta en dos oportunidades, y muy solemnemente en mensaje a la nación “la reforma del poder judicial” (el cachorro más querido del perro del hortelano), y hoy están de huelga y las cosas siguen como siempre.
Todos sabemos que la ineficiencia del Estado se encuentra en el origen de casi todos los problemas que aquejan a los peruanos, por lo que de poco nos van a servir leyes bien intencionadas, nuevas inversiones, concesiones y el propio TLC con Estados Unidos si se mantienen las deficiencias que han sido expuestas en el reporte del World Economic Forum, donde en temas de desarrollo humano y de infraestructura tenemos niveles realmente preocupantes.
Necesitamos en definitiva un Estado con capacidad gerencial, que dinamice la administración pública y evite situaciones como las fallidas compras de patrulleros, ambulancias, pertrechos para la policía o medicamentos y la parálisis de las inversiones como sucede hoy con las regiones y las municipalidades donde, por trabas legales y burocráticas, más de 12 mil proyectos de inversión, que podrían generar empleo y fortalecer las economías locales, no se ejecutan.
Sin duda de este resultado no sólo es responsable el SNIP, sino también la falta de gestión y capacitación de los funcionarios regionales y municipales y una suerte de síndrome de denuncias que se ha extendido en la administración pública consecuencia de un sistema de control que privilegia los procedimientos a los resultados, y que en definitiva termina frenando cualquier iniciativa positiva de los funcionarios públicos.
Si el Poder Ejecutivo y los otros poderes del Estado no toman medidas firmes para revertir esta situación, el perro del hortelano seguirá gruñendo detrás de cada ventanilla, sellando, exigiendo certificaciones, declaraciones juradas, constancias y frenando el desarrollo nacional ¡Ah, me olvidaba, el perro del hortelano cobra sus honorarios por el PNUD, cuya desaparición fue anunciada tiempo atrás!
Expreso, 02/12/2007
A la misma conclusión de Raymondi, llega el presidente Alan García en dos interesantes artículos escritos y publicados en días pasados, denominados “el síndrome del perro del hortelano” y la “receta para acabar con el perro del hortelano”.
En ambos nos describe lo que todos conocemos o hemos padecido cuando se trata de hacer un trámite en cualquier instancia de nivel central, regional o municipal (acuérdense de las revisiones técnicas), donde siempre dan por respuesta un consabido “venga mañana”, “le faltan documentos”, “pague en el Banco de la Nación”, “saque su cita por teléfono”. Ciertamente el Estado es un perro del hortelano al que pocos se quieren enfrentar.
El perro del hortelano sabe que antes muchos anunciaron su muerte, como cuando el ex presidente Toledo prometió hasta en dos oportunidades, y muy solemnemente en mensaje a la nación “la reforma del poder judicial” (el cachorro más querido del perro del hortelano), y hoy están de huelga y las cosas siguen como siempre.
Todos sabemos que la ineficiencia del Estado se encuentra en el origen de casi todos los problemas que aquejan a los peruanos, por lo que de poco nos van a servir leyes bien intencionadas, nuevas inversiones, concesiones y el propio TLC con Estados Unidos si se mantienen las deficiencias que han sido expuestas en el reporte del World Economic Forum, donde en temas de desarrollo humano y de infraestructura tenemos niveles realmente preocupantes.
Necesitamos en definitiva un Estado con capacidad gerencial, que dinamice la administración pública y evite situaciones como las fallidas compras de patrulleros, ambulancias, pertrechos para la policía o medicamentos y la parálisis de las inversiones como sucede hoy con las regiones y las municipalidades donde, por trabas legales y burocráticas, más de 12 mil proyectos de inversión, que podrían generar empleo y fortalecer las economías locales, no se ejecutan.
Sin duda de este resultado no sólo es responsable el SNIP, sino también la falta de gestión y capacitación de los funcionarios regionales y municipales y una suerte de síndrome de denuncias que se ha extendido en la administración pública consecuencia de un sistema de control que privilegia los procedimientos a los resultados, y que en definitiva termina frenando cualquier iniciativa positiva de los funcionarios públicos.
Si el Poder Ejecutivo y los otros poderes del Estado no toman medidas firmes para revertir esta situación, el perro del hortelano seguirá gruñendo detrás de cada ventanilla, sellando, exigiendo certificaciones, declaraciones juradas, constancias y frenando el desarrollo nacional ¡Ah, me olvidaba, el perro del hortelano cobra sus honorarios por el PNUD, cuya desaparición fue anunciada tiempo atrás!
Expreso, 02/12/2007
sábado, 1 de diciembre de 2007
¿Cómo superar "el síndrome del perro del hortelano"?
No más mendigos sentados en bancos de oro ni perros del hortelano. Los recursos debe ser utilizados racionalmente en beneficio de todos
Hace una semana publicamos en esta misma página un artículo enviado por el presidente Alan García, tan inusual como polémico e importante para el devenir del Gobierno y del país. En torno al mismo se ha armado un arduo y productivo debate, que debiera continuar hasta recalar en la revisión y discusión de consensos nacionales y de políticas de Estado orientadas a promover el salto cualitativo hacia el desarrollo de las áreas más deprimidas del país.
En lo formal e ideológico, resulta gratificante asistir a lo que podríamos llamar una maduración doctrinal del pensamiento político del doctor García, matizado ahora de pragmático estadismo y acompañado de la correspondiente valentía para sustentar puntos de vista no siempre populares. Ya en la campaña electoral, tuvo que reconocer los graves errores de gestión de su primer gobierno, debidos tanto al ímpetu juvenil pero también a la adherencia a una línea partidaria ideológica trasnochada, en la que el Estado tenía un rol preeminente, con todos los perjuicios que ello trajo.
Ahora, dos décadas después, la realidad es distinta. Caído el Muro de Berlín y cuando las fronteras ceden al dinamismo de la globalización, de la iniciativa privada y del libre comercio, hay cada vez menos lugar para los corsés y rigideces ideológicos de uno u otro lado.
Como bien lo ha dicho acá el ex presidente del Gobierno Español Felipe González hoy las políticas de gobierno en América Latina deben estar sustentadas en el crecimiento económico, la reducción de la pobreza y la generación de empleo, y no en priorizar las ideologías. Y es que, según su experiencia, algunos gobiernos de izquierda --a la que él pertenece-- rechazan iniciativas que podrían beneficiar a millones de personas, como dar en concesión los servicios de agua potable, por priorizar su armazón ideológica antiempresa privada. Mientras tanto, los pobres continúan sufriendo la falta del vital servicio.
¿La carreta delante de los caballos? ¿La defensa a ultranza de consignas y escudos ideológicos antes que del genuino interés de los gobernados? Si no es de esta manera --y así lo sustenta García--resulta imperativo hacer un exhaustivo análisis para determinar las fuentes de las cuales beben los grupos que, arrogándose la representación de los pobres y la defensa a ultranza del medio ambiente, se oponen a la explotación racional de los recursos naturales que puedan crear riqueza y desarrollo justamente en beneficio de esos pobres.
Tal es el telón de fondo del artículo del presidente que compara la situación del floreciente Ilo, "producto de la minería y de la pesquería", con la de Ayabaca (Piura), que tiene más recursos mineros que Cuajone en el sur, pero que vive la mayor pobreza. "Y es que allí --dice-- el viejo comunista anticapitalista del siglo XIX se disfrazó de proteccionista en el siglo XX y cambia otra vez de camiseta en el siglo XXI para ser medioambientalista. Pero siempre anticapitalista, contra la inversión, sin explicar cómo, con una agricultura pobre, se podría dar un salto a un mayor desarrollo".
Es lo que ha llamado el síndrome del perro del hortelano, que no come ni deja comer, que dice: "Si no lo hago yo, que no lo haga nadie".
Lo mismo pasa, siguiendo el hilo conductor de García, con los ingentes recursos forestales, marinos e hidrográficos del Perú, tan potencialmente ricos pero inertes ante la arremetida opositora de grupos de interés de una u otra raigambre. Claro que ha habido proyectos fallidos y mal planeados y ejecutados, pero hoy, como lo recuerda el jefe del Estado, existe la tecnología suficiente para explotar recursos sin dañar el ecosistema.
Es dentro de este marco --dice García-- que deberá otorgarse concesiones forestales de largo plazo y a "grandes empresas", vender en grandes lotes las tierras donde viven las comunidades campesinas pero dialogando con ellas. También podrá convencérseles de que se reconviertan a la modernidad, como ha señalado con válidos ejemplos el ecólogo Antonio Brack en reciente artículo. Para ello, pensamos, las comunidades deberán conseguir los capitales necesarios, ya sea mediante préstamos o asociaciones, pero no esperando que se los proporcione el Estado. Deberán también modernizar su estructura asociativa, pues la actual es un freno ante la necesaria agilidad empresarial y financiera.
Retomando el hilo de García, se deberá otorgar lotes de mar a inversionistas para que desarrollen la maricultura y haciéndoles ver a los pescadores artesanales que ellos no tienen por qué convertirse en 'perros del hortelano'. Tampoco puede dejarse de lado el aprovechamiento de los enormes recursos hidroenergéticos de la sierra para exportar energía limpia.
En concreto, no puede perderse de vista que el objetivo del desarrollo es crear riqueza y bienestar. Pero ello debe ser redistribuido durante el proceso y no esperando que llegue a los que más tienen y luego 'chorree'.
Es, entonces, momento de pasar a la acción. El Gobierno, sustentado sobre estas sólidas y maduras estructuras de pensamiento político, deberá asumir la responsabilidad de promover la inversión privada en el país, de forma generalizada y no solo entre los empresarios tradicionales, como lo ha venido haciendo.
Deberá hacer de esta inversión privada social el espolón de proa de la reconversión de las áreas más deprimidas y convencerlas de dejar de esperar sentados en un banco de oro la ayuda del Estado. Ellos tienen la fuerza, como lo demuestran la cooperativa de Porcón, en Cajamarca, que ha reforestado 9.500 hectáreas de pino, o la Cooperativa Oro Verde, que exporta café de primera calidad a Francia, entre tantas otras.
Eso sí, deberá haber controles y sanciones estrictas para quienes transgredan la ley, en especial los que abusen de los beneficios otorgados. Tampoco se podrá dejar de lado la ayuda social para aquellos más deprimidos a quienes les tome mayor tiempo incluirse en esta reconversión.
Y todo esto corresponde hacerlo al Gobierno y de manera específica al autor del artículo, el presidente Alan García.
No más mendigos sentados en bancos de oro, ni perros del hortelano, ni chivos expiatorios. Es el mensaje que nos deja el artículo. Es tiempo de que entendamos que los recursos están para ser utilizados (si bien no abusados) y que, respetando la propiedad, quienes los tengan ahora asuman la responsabilidad social de hacer que produzcan lo más posible en beneficio de todos los peruanos.
El Comercio, 04/11/2007
Hace una semana publicamos en esta misma página un artículo enviado por el presidente Alan García, tan inusual como polémico e importante para el devenir del Gobierno y del país. En torno al mismo se ha armado un arduo y productivo debate, que debiera continuar hasta recalar en la revisión y discusión de consensos nacionales y de políticas de Estado orientadas a promover el salto cualitativo hacia el desarrollo de las áreas más deprimidas del país.
En lo formal e ideológico, resulta gratificante asistir a lo que podríamos llamar una maduración doctrinal del pensamiento político del doctor García, matizado ahora de pragmático estadismo y acompañado de la correspondiente valentía para sustentar puntos de vista no siempre populares. Ya en la campaña electoral, tuvo que reconocer los graves errores de gestión de su primer gobierno, debidos tanto al ímpetu juvenil pero también a la adherencia a una línea partidaria ideológica trasnochada, en la que el Estado tenía un rol preeminente, con todos los perjuicios que ello trajo.
Ahora, dos décadas después, la realidad es distinta. Caído el Muro de Berlín y cuando las fronteras ceden al dinamismo de la globalización, de la iniciativa privada y del libre comercio, hay cada vez menos lugar para los corsés y rigideces ideológicos de uno u otro lado.
Como bien lo ha dicho acá el ex presidente del Gobierno Español Felipe González hoy las políticas de gobierno en América Latina deben estar sustentadas en el crecimiento económico, la reducción de la pobreza y la generación de empleo, y no en priorizar las ideologías. Y es que, según su experiencia, algunos gobiernos de izquierda --a la que él pertenece-- rechazan iniciativas que podrían beneficiar a millones de personas, como dar en concesión los servicios de agua potable, por priorizar su armazón ideológica antiempresa privada. Mientras tanto, los pobres continúan sufriendo la falta del vital servicio.
¿La carreta delante de los caballos? ¿La defensa a ultranza de consignas y escudos ideológicos antes que del genuino interés de los gobernados? Si no es de esta manera --y así lo sustenta García--resulta imperativo hacer un exhaustivo análisis para determinar las fuentes de las cuales beben los grupos que, arrogándose la representación de los pobres y la defensa a ultranza del medio ambiente, se oponen a la explotación racional de los recursos naturales que puedan crear riqueza y desarrollo justamente en beneficio de esos pobres.
Tal es el telón de fondo del artículo del presidente que compara la situación del floreciente Ilo, "producto de la minería y de la pesquería", con la de Ayabaca (Piura), que tiene más recursos mineros que Cuajone en el sur, pero que vive la mayor pobreza. "Y es que allí --dice-- el viejo comunista anticapitalista del siglo XIX se disfrazó de proteccionista en el siglo XX y cambia otra vez de camiseta en el siglo XXI para ser medioambientalista. Pero siempre anticapitalista, contra la inversión, sin explicar cómo, con una agricultura pobre, se podría dar un salto a un mayor desarrollo".
Es lo que ha llamado el síndrome del perro del hortelano, que no come ni deja comer, que dice: "Si no lo hago yo, que no lo haga nadie".
Lo mismo pasa, siguiendo el hilo conductor de García, con los ingentes recursos forestales, marinos e hidrográficos del Perú, tan potencialmente ricos pero inertes ante la arremetida opositora de grupos de interés de una u otra raigambre. Claro que ha habido proyectos fallidos y mal planeados y ejecutados, pero hoy, como lo recuerda el jefe del Estado, existe la tecnología suficiente para explotar recursos sin dañar el ecosistema.
Es dentro de este marco --dice García-- que deberá otorgarse concesiones forestales de largo plazo y a "grandes empresas", vender en grandes lotes las tierras donde viven las comunidades campesinas pero dialogando con ellas. También podrá convencérseles de que se reconviertan a la modernidad, como ha señalado con válidos ejemplos el ecólogo Antonio Brack en reciente artículo. Para ello, pensamos, las comunidades deberán conseguir los capitales necesarios, ya sea mediante préstamos o asociaciones, pero no esperando que se los proporcione el Estado. Deberán también modernizar su estructura asociativa, pues la actual es un freno ante la necesaria agilidad empresarial y financiera.
Retomando el hilo de García, se deberá otorgar lotes de mar a inversionistas para que desarrollen la maricultura y haciéndoles ver a los pescadores artesanales que ellos no tienen por qué convertirse en 'perros del hortelano'. Tampoco puede dejarse de lado el aprovechamiento de los enormes recursos hidroenergéticos de la sierra para exportar energía limpia.
En concreto, no puede perderse de vista que el objetivo del desarrollo es crear riqueza y bienestar. Pero ello debe ser redistribuido durante el proceso y no esperando que llegue a los que más tienen y luego 'chorree'.
Es, entonces, momento de pasar a la acción. El Gobierno, sustentado sobre estas sólidas y maduras estructuras de pensamiento político, deberá asumir la responsabilidad de promover la inversión privada en el país, de forma generalizada y no solo entre los empresarios tradicionales, como lo ha venido haciendo.
Deberá hacer de esta inversión privada social el espolón de proa de la reconversión de las áreas más deprimidas y convencerlas de dejar de esperar sentados en un banco de oro la ayuda del Estado. Ellos tienen la fuerza, como lo demuestran la cooperativa de Porcón, en Cajamarca, que ha reforestado 9.500 hectáreas de pino, o la Cooperativa Oro Verde, que exporta café de primera calidad a Francia, entre tantas otras.
Eso sí, deberá haber controles y sanciones estrictas para quienes transgredan la ley, en especial los que abusen de los beneficios otorgados. Tampoco se podrá dejar de lado la ayuda social para aquellos más deprimidos a quienes les tome mayor tiempo incluirse en esta reconversión.
Y todo esto corresponde hacerlo al Gobierno y de manera específica al autor del artículo, el presidente Alan García.
No más mendigos sentados en bancos de oro, ni perros del hortelano, ni chivos expiatorios. Es el mensaje que nos deja el artículo. Es tiempo de que entendamos que los recursos están para ser utilizados (si bien no abusados) y que, respetando la propiedad, quienes los tengan ahora asuman la responsabilidad social de hacer que produzcan lo más posible en beneficio de todos los peruanos.
El Comercio, 04/11/2007
Fernando Vivas: El perro que menea la cola
Le va bien a Alan García con su perro del hortelano. La figura es atemporal, pero él la aplica a una circunstancia histórica que conoce bien, pues la vivió con y sin poder: la crisis del comunismo a fines de los años 80, extendida a los 90. La idea --parafraseo a Sartori-- es que por entonces se forjaron muchos aguafiestas, quienes, frustrados por el derrumbe de sus utopías antisistema, se metieron a ONG multiculturales, de derechos humanos y ambientalistas para desde allí consolarse, al menos, clavando sus dientes en las pantorrillas del sistema, grrrrr, grrrrrr, guau, guau.
Por supuesto, esta generalización es injusta y puede generar un macartismo de perrera. Abundan los objetores por encima de cualquier caricaturización o injuria alanista y, además, hay otras canteras de perros de huerta: los hay fujimoristas, ultraliberales, mojigatos y, claro, apristas, trabajando en ministerios, calentando una curul, empollando una sentencia en el Poder Judicial. Cualquier proyecto que les mueva el piso los pone saltones y ladran. Homo homini canem: El hombre es el perro del hombre.
Pero hay otro perro que debe preocuparnos. No es ideologizado como el hortelano; es un perro sin bandera, que ladra por doquier, que sí come pero no deja comer o, manipulador él, hace creer que deja comer.
Es el perro que menea la cola y su fama no se la debe a Lope de Vega y el siglo de oro español, sino a la cultura popular anglosajona. Existe un chiste que consiste en preguntar Why does a dog wag its tail? (¿Por qué el perro menea la cola?) y responder que lo hace porque la cabeza es más lista que la cola, pues de lo contrario la cola menearía al perro. De esta pachotada deriva la frase Wag the dog (Menear al perro), también título de un thriller de 1997 sobre la manipulación, el juego de las apariencias y las cortinas de humo, pues la protagoniza un 'spin' doctor que fragua una guerra para que el público no vea un escándalo sexual que jaquearía al poder. ¿Cuál es la cabeza? ¿Cuál es la cola?
Sin entrar en teorías del complot y sin ponerles apellido, ponchemos a tanto perro que menea la cola mediática distrayéndonos del trasfondo político, haciendo promesas de impacto, alarmando con penas de muerte, anunciando capturas de terroristas o amenazando publicar listas de terrucos liberados. No queremos ser testigos mudos de una metafórica pelea de perros del hortelano versus tramposos perros que menean la cola.
Pero sí es bueno que García, tras recurrir al viejo truco publicitario del cave canem (latinajo irresistible: "Cuidado con el perro", hallado en las ruinas de Pompeya, se considera el primer aviso de la historia), publique recetas, las explique y las ubique en un marco de reforma del Estado con el que uno puede estar básicamente de acuerdo.
Que haya convertido lo que pudo ser una agenda de trabajo interno en artículos periodísticos es una meneadita de cola, pero ha generado, en buena hora, un debate de contenidos.
El Comercio 29/11/2007
Por supuesto, esta generalización es injusta y puede generar un macartismo de perrera. Abundan los objetores por encima de cualquier caricaturización o injuria alanista y, además, hay otras canteras de perros de huerta: los hay fujimoristas, ultraliberales, mojigatos y, claro, apristas, trabajando en ministerios, calentando una curul, empollando una sentencia en el Poder Judicial. Cualquier proyecto que les mueva el piso los pone saltones y ladran. Homo homini canem: El hombre es el perro del hombre.
Pero hay otro perro que debe preocuparnos. No es ideologizado como el hortelano; es un perro sin bandera, que ladra por doquier, que sí come pero no deja comer o, manipulador él, hace creer que deja comer.
Es el perro que menea la cola y su fama no se la debe a Lope de Vega y el siglo de oro español, sino a la cultura popular anglosajona. Existe un chiste que consiste en preguntar Why does a dog wag its tail? (¿Por qué el perro menea la cola?) y responder que lo hace porque la cabeza es más lista que la cola, pues de lo contrario la cola menearía al perro. De esta pachotada deriva la frase Wag the dog (Menear al perro), también título de un thriller de 1997 sobre la manipulación, el juego de las apariencias y las cortinas de humo, pues la protagoniza un 'spin' doctor que fragua una guerra para que el público no vea un escándalo sexual que jaquearía al poder. ¿Cuál es la cabeza? ¿Cuál es la cola?
Sin entrar en teorías del complot y sin ponerles apellido, ponchemos a tanto perro que menea la cola mediática distrayéndonos del trasfondo político, haciendo promesas de impacto, alarmando con penas de muerte, anunciando capturas de terroristas o amenazando publicar listas de terrucos liberados. No queremos ser testigos mudos de una metafórica pelea de perros del hortelano versus tramposos perros que menean la cola.
Pero sí es bueno que García, tras recurrir al viejo truco publicitario del cave canem (latinajo irresistible: "Cuidado con el perro", hallado en las ruinas de Pompeya, se considera el primer aviso de la historia), publique recetas, las explique y las ubique en un marco de reforma del Estado con el que uno puede estar básicamente de acuerdo.
Que haya convertido lo que pudo ser una agenda de trabajo interno en artículos periodísticos es una meneadita de cola, pero ha generado, en buena hora, un debate de contenidos.
El Comercio 29/11/2007
Enrique Bernales Ballesteros: En las manos del Congreso
El presidente García ha publicado una segunda parte de sus reflexiones sobre el síndrome del perro del hortelano. En su interesante disquisición, el presidente sostiene que este síndrome expresa una extensa vocación "patrimonialista". Nadie cede espacios y cada cual prefiere hacer las cosas, aunque las haga mal o no las haga.
No se equivoca el presidente. Basadre nos informa de situaciones donde el egoísmo y la prescindencia del otro, condujeron a sonoros fracasos que retrasaron o impidieron el avance y la concreción de proyectos nacionales de desarrollo y progreso. Lo que el presidente llama el "perro del hortelano" es, en realidad, una de las caras que patentiza la desconfianza entre los peruanos.
En la ocasión de comentar su primer artículo, señalé que uno de los principales puntos era buscar acuerdos que hicieran posible una reforma del Estado, gradual pero integral. El presidente nos da la razón. En los seis grandes rubros de propuestas para acabar con el perro del hortelano subyace la crítica a un Estado que acapara y paraliza opciones que, con un esquema más abierto, podrían significar crecimiento de la inversión, mejor prestación de servicios públicos, liberar bienes que el Estado no usa, abrir nuevas áreas de producción, aligerar los procedimientos, mejorar las relaciones estado-ciudadanos, acercar el trabajo al ahorro, entre otros.
El presidente propone políticas orientadas a cambiar el patrón de relaciones ciudadanas, mediante cambios significativos en el Estado, acompañados de ilusoria fe en el mercado. Pero el dato sustantivo es que el presidente sugiere que su gobierno no puede hacer gran cosa para impulsar estos cambios, pues todo requiere de ley. Así, siete iniciativas del Ejecutivo están entrampadas en las comisiones del Congreso. Sin embargo, el presidente anuncia que presentará otras diez iniciativas legales más para que el Estado venda acreencias, transe en juicios de menor cuantía, se conceda el derecho de cultivar en las restingas, se permita a las comunidades campesinas vender, parcelar o alquilar... y así, un largo etc.
Señor presidente, si el Congreso le ha demorado siete de los proyectos de ley destinados a aligerar la carga del Estado, ¿qué le hace pensar que le atenderá en los próximos diez proyectos que enviará próximamente? ¿Ha reparado, señor presidente, que fluye de su análisis que el principal perro del hortelano es el Congreso?
Es probable que el Congreso no sea consciente de esta concentración de poder. Parte del problema es el carácter decimonónico en el que permanece anclado el Parlamento. Si todo es materia legislativa, el resultado será el retardo y la incapacidad para resolver con celeridad y sencillez, lo que la realidad demanda. La otra traba es el Reglamento del Congreso, pues en materia de derecho parlamentario el atraso es enorme. Pero concierne también a la crisis de los partidos y a la composición inadecuada del Parlamento.
Señor presidente, si la solución pasa por llenar de propuestas al Congreso, ya puede usted seguir escribiendo sobre el perro del hortelano. ¿Por qué no probar, entonces, con el fortalecimiento de mecanismos de concertación y consenso que potencien el protagonismo ciudadano?
Además, en Francia, la tradición parlamentarista de la IV República acabó cuando la Constitución de la V República, aún vigente, creó la institución del "dominio de la ley", una fórmula que enumera los temas materia de ley, dejando lo demás a la potestad reglamentaria. Estoy seguro de que es consciente de que no todos los proyectos que enviará al Parlamento son asuntos que requieren ley, solo que en el Perú "todo" es dominio de la ley. Así las cosas, no acelerar una reforma constitucional que modernice al Estado e incremente la presencia de instituciones que fortalezcan la confianza ciudadana, es seguir engordando al perro del hortelano.
El Comercio, 29/11/2007
No se equivoca el presidente. Basadre nos informa de situaciones donde el egoísmo y la prescindencia del otro, condujeron a sonoros fracasos que retrasaron o impidieron el avance y la concreción de proyectos nacionales de desarrollo y progreso. Lo que el presidente llama el "perro del hortelano" es, en realidad, una de las caras que patentiza la desconfianza entre los peruanos.
En la ocasión de comentar su primer artículo, señalé que uno de los principales puntos era buscar acuerdos que hicieran posible una reforma del Estado, gradual pero integral. El presidente nos da la razón. En los seis grandes rubros de propuestas para acabar con el perro del hortelano subyace la crítica a un Estado que acapara y paraliza opciones que, con un esquema más abierto, podrían significar crecimiento de la inversión, mejor prestación de servicios públicos, liberar bienes que el Estado no usa, abrir nuevas áreas de producción, aligerar los procedimientos, mejorar las relaciones estado-ciudadanos, acercar el trabajo al ahorro, entre otros.
El presidente propone políticas orientadas a cambiar el patrón de relaciones ciudadanas, mediante cambios significativos en el Estado, acompañados de ilusoria fe en el mercado. Pero el dato sustantivo es que el presidente sugiere que su gobierno no puede hacer gran cosa para impulsar estos cambios, pues todo requiere de ley. Así, siete iniciativas del Ejecutivo están entrampadas en las comisiones del Congreso. Sin embargo, el presidente anuncia que presentará otras diez iniciativas legales más para que el Estado venda acreencias, transe en juicios de menor cuantía, se conceda el derecho de cultivar en las restingas, se permita a las comunidades campesinas vender, parcelar o alquilar... y así, un largo etc.
Señor presidente, si el Congreso le ha demorado siete de los proyectos de ley destinados a aligerar la carga del Estado, ¿qué le hace pensar que le atenderá en los próximos diez proyectos que enviará próximamente? ¿Ha reparado, señor presidente, que fluye de su análisis que el principal perro del hortelano es el Congreso?
Es probable que el Congreso no sea consciente de esta concentración de poder. Parte del problema es el carácter decimonónico en el que permanece anclado el Parlamento. Si todo es materia legislativa, el resultado será el retardo y la incapacidad para resolver con celeridad y sencillez, lo que la realidad demanda. La otra traba es el Reglamento del Congreso, pues en materia de derecho parlamentario el atraso es enorme. Pero concierne también a la crisis de los partidos y a la composición inadecuada del Parlamento.
Señor presidente, si la solución pasa por llenar de propuestas al Congreso, ya puede usted seguir escribiendo sobre el perro del hortelano. ¿Por qué no probar, entonces, con el fortalecimiento de mecanismos de concertación y consenso que potencien el protagonismo ciudadano?
Además, en Francia, la tradición parlamentarista de la IV República acabó cuando la Constitución de la V República, aún vigente, creó la institución del "dominio de la ley", una fórmula que enumera los temas materia de ley, dejando lo demás a la potestad reglamentaria. Estoy seguro de que es consciente de que no todos los proyectos que enviará al Parlamento son asuntos que requieren ley, solo que en el Perú "todo" es dominio de la ley. Así las cosas, no acelerar una reforma constitucional que modernice al Estado e incremente la presencia de instituciones que fortalezcan la confianza ciudadana, es seguir engordando al perro del hortelano.
El Comercio, 29/11/2007
García pide no caer en el pesimismo y la queja
Que aprovechen bonanza pero con redistribución de sus ganancias. Enfatizó que su propuesta no cae en 'economicismos' ni 'derechismos'.
Por Rocío La Rosa Vásquez. Enviada especial
TRUJILLO. Lo primero que ensayó ayer el presidente Alan García cuando subió al podio de la CADE fue la respuesta a la pregunta central de la conferencia: ¿Qué nos falta para ser un país justo y próspero? "Prosperidad y justicia", fue su evidente respuesta. Y obviamente García no podía desaprovechar el auditorio para recalcar que dicha prosperidad solo será posible con crecimiento económico, el cual debe pasar por más inversión de calidad.
"Hemos apostado por eso sin caer en 'economicismos' ni 'derechismos'", expresó mostrándose partidario de que el crecimiento vaya de la mano con la generación de empleo y la redistribución de la riqueza, pues reconoció que la bonanza económica muchas veces amplía la brecha entre ricos y pobres. Es decir, el llamado era a compartir ganancias.
Enfatizó que "lo que sobra hoy en el Perú es dinero y que solo falta invertirlo", inversión que también debe pasar por mejorar sueldos a los empleados y sin esperar decretos que lo dispongan. Y hasta se dio tiempo para dar algunos tips de inversión a los empresarios, como ir pensando qué llevar en los camiones cuando estos regresen a Brasil por la carretera Interoceánica.
FUERA LOS MIEDOS
Perder el miedo y dejar de lado a los malos consejeros, papel que muchas veces recae "en ex izquierdistas", fue su consigna. "Necesitamos un compromiso más enérgico y activo del empresariado () no caigamos en el pesimismo fatalista de la queja, de la sospecha sobre lo que pasará mañana. Necesitamos ver lo positivo () yo quiero infundir fe y confianza en quienes manejan recursos, es mi obligación".
Aseguró que hay condiciones como una estabilidad macroeconómica y monetaria, y precios dentro de los rangos internacionales. Agregó que a la estabilidad se suma la apertura de nuevos espacios como el TLC con EE.UU.
LAS TRABAS
García también reconoció que aún hay trabas que superar. Habló de una reingeniería del Estado que permita ejercer un control aleatorio, que no frustre iniciativas al inmiscuirse en todo, como el hecho de que todo trámite o acción en el país deba tener el registro del Estado. Esto ya había quedado plasmado en su segundo artículo publicado en este Diario: "Cómo superar al perro del hortelano".
Para revertir parte de este panorama, priorizó la necesidad de que el Estado deje de ser el principal propietario del Estado y que de una vez por todas se pongan en valor todos aquellos bienes de su propiedad cuyo mantenimiento genera un enorme gasto e interminables litigios.
Antes de concluir, García Pérez avizoró que el 2008 será un buen año y que eso dependía del valor y de la fe que se deposite en el país. "Chau agoreros, chau malos consejeros", se despidió.
El Comercio, 01/12/2007
Por Rocío La Rosa Vásquez. Enviada especial
TRUJILLO. Lo primero que ensayó ayer el presidente Alan García cuando subió al podio de la CADE fue la respuesta a la pregunta central de la conferencia: ¿Qué nos falta para ser un país justo y próspero? "Prosperidad y justicia", fue su evidente respuesta. Y obviamente García no podía desaprovechar el auditorio para recalcar que dicha prosperidad solo será posible con crecimiento económico, el cual debe pasar por más inversión de calidad.
"Hemos apostado por eso sin caer en 'economicismos' ni 'derechismos'", expresó mostrándose partidario de que el crecimiento vaya de la mano con la generación de empleo y la redistribución de la riqueza, pues reconoció que la bonanza económica muchas veces amplía la brecha entre ricos y pobres. Es decir, el llamado era a compartir ganancias.
Enfatizó que "lo que sobra hoy en el Perú es dinero y que solo falta invertirlo", inversión que también debe pasar por mejorar sueldos a los empleados y sin esperar decretos que lo dispongan. Y hasta se dio tiempo para dar algunos tips de inversión a los empresarios, como ir pensando qué llevar en los camiones cuando estos regresen a Brasil por la carretera Interoceánica.
FUERA LOS MIEDOS
Perder el miedo y dejar de lado a los malos consejeros, papel que muchas veces recae "en ex izquierdistas", fue su consigna. "Necesitamos un compromiso más enérgico y activo del empresariado () no caigamos en el pesimismo fatalista de la queja, de la sospecha sobre lo que pasará mañana. Necesitamos ver lo positivo () yo quiero infundir fe y confianza en quienes manejan recursos, es mi obligación".
Aseguró que hay condiciones como una estabilidad macroeconómica y monetaria, y precios dentro de los rangos internacionales. Agregó que a la estabilidad se suma la apertura de nuevos espacios como el TLC con EE.UU.
LAS TRABAS
García también reconoció que aún hay trabas que superar. Habló de una reingeniería del Estado que permita ejercer un control aleatorio, que no frustre iniciativas al inmiscuirse en todo, como el hecho de que todo trámite o acción en el país deba tener el registro del Estado. Esto ya había quedado plasmado en su segundo artículo publicado en este Diario: "Cómo superar al perro del hortelano".
Para revertir parte de este panorama, priorizó la necesidad de que el Estado deje de ser el principal propietario del Estado y que de una vez por todas se pongan en valor todos aquellos bienes de su propiedad cuyo mantenimiento genera un enorme gasto e interminables litigios.
Antes de concluir, García Pérez avizoró que el 2008 será un buen año y que eso dependía del valor y de la fe que se deposite en el país. "Chau agoreros, chau malos consejeros", se despidió.
El Comercio, 01/12/2007
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