miércoles, 26 de diciembre de 2007

César Hildebrandt: Cerebros de derecha

A la derecha le gusta tener la casa sucia, el planeta oliendo a azufres petroleros y mineros, el futuro con miasmas. La derecha es una madame con malos hábitos de higiene.
Sale García a decir que creará un ministerio del medio ambiente –como lo tiene todo el mundo civilizado- y a la derecha que más ladra no le gusta, le parece que es un gasto superfluo y evitable.
La derecha ama las chimeneas del progreso, el relave del desarrollo, el hollín pulmonar, la foca muerta a palos si eso es necesario para el comercio de pieles, la ballena jorobada hecha una San Sebastián de arpones. Si eres de derecha, en suma, tienes que ser una bestia que se cree "rey de la creación", "pináculo de la evolución", depositario de todos los derechos por ser hijo de un gobernante interastral que tiene la cara que le dibujó un famoso pintor homosexual del Renacimiento y a quien las beatitas de Humay llaman Diosito y el presidente invoca para que Garrido Lecca jure ante una Biblia, vaya mezcla.
No es un fenómeno nativo. En todas partes del mundo –desde Estados Unidos hasta Australia- la derecha es antiambientalista y por eso odia a Al Gore –lo odia tanto que le robó unas elecciones delante de todo el mundo- y por eso cree que la ecología es, por decir lo menos, un inconveniente puesto en el camino del crecimiento, un chillido de algunos histéricos y una conspiración de negros e indios metidos en la ONU. Y por eso le paga a un ejército de escribas cuya misión es convencernos de que los glaciares se derriten de puro enamorados y los lagos se suicidan espesándose.
¿Tiene una explicación ideológica esta unanimidad mundial de la derecha condenando a los ríos a morirse?
Ideológica, no. El asunto es, como siempre, seguir la pista del dinero.
La lógica de las corporaciones que hacen de Bush el mandadero de Cheeney es muy simple: la Tierra no es de los terrícolas sino de los accionistas; si resulta mejor para la tasa de retorno infectar todos los oxígenos a fin de que el precio de las acciones siga subiendo, pues a mearse en el Jordán (que por algo se empieza).
Escuchando ayer al señor Ántero Flores Aráoz pontificar sobre derechas e izquierdas y decir lo que Simone de Beauvoir advertía como frase inequívocamente de la derecha –o sea,"esos términos resultan anticuados"-, tuve la sensación de que el muro que separa a la derecha del resto del mundo –incluyendo en ese resto a la izquierda- no es sólo consecuencia de la codicia.
Tuve la sensación de que hay encéfalos derechones, sinapsis modelo Petain, frontis a lo Le Pen y lobotomías ambulatorias tipo Chicago. En resumen, escuchando a Flores Aráoz me di cuenta de que, en algún momento de la evolución, dos homo sapiens primos hermanos se separaron para siempre. Uno se dirigió por la ruta que conduce, al final, a Rupert Murdoch (esquina con Rumsfield) y el otro tomó el camino, menos afortunado, que da a Davos (esquina con Protocolo de Kyoto).
Es que no hay explicación para tanta diferencia. Cuando alguien como el modesto columnista que los atormenta cada día oye hablar a Flores Aráoz es como si oyera el crepitar de la paja seca que cocinó a los herejes. Es como si escuchara a los curas ingleses que obligaron a Hobbes, que no es el padre de la derecha como la derecha quisiera, a salir de la vida pública acusado de ateo. Es como si volviéramos al mundo sencillo y mostachudo del mariscal Oscar R. Benavides. Es como leer las transcripciones de lo que conversaban Dionisio Romero y Montesinos. Es decir, todo encaja en ese mundo que se pretende inalterable y donde la duda parece un herpes y la crítica social una vaina. Es el mundo del billetón, en suma. Y para tragarse ese mundo hay que tener un cerebro especializado. Especializado en egoísmo, por ejemplo. "Porque la vida es ahora", como dicen en Visa. Y que los nietos se las arreglen, puta madre.
Es una buena idea crear un ministerio del medio ambiente. El problema es que los artículos del doctor García en torno al perro del hortelano proponían todo lo contrario: desmantelar las últimas resistencias del Estado para que las comunidades se revendiesen y millones de hectáreas forestales su subastasen al mejor postor. Quizás la propuesta presidencial implique una esforzada rectificación.
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Posdata: Gran jugada de Jorge del Castillo: al nombrar a la abogada de Ernesto Schultz padre como ministra de Justicia garantiza la permanencia de Genaro Delgado Parker, su amigo, visitante y confidente, al frente de Canal 5. Porque cualquier resolución judicial que saliese en contra de don Genaro podría interpretarse como una maniobra a favor de su archienemigo. Jugada maestra. Tan hábil que parece sugerida por el propio Genaro, quien estaba cerca de perder la cautelar que sostenía su administración